jueves, 22 de noviembre de 2012

 Desde los comienzos de la historia política Argentina,  existieron bloques opositores intolerantes entre sí (unitarios y federales, peronistas y radicales o antiperonistas,  militares y militantes), los cuales defendían ideales que coincidían con el modelo de país que tenían en mente.
Si bien estos grupos estaban liderados generalmente por personas muy capaces y seguras de lo que buscaban, la forma en que intentaron imponer sus pensamientos no fue la correcta, sino la más rápida y errónea. Desde siempre los conflictos se solucionaron a través de la violencia física y psicológica. Las luchas que se levantaron en nombre de la patria fueron en varios casos las masacres más imponentes de la historia Argentina. Lo fue tanto la guerra con el Indio, como el proceso de dictadura o la eterna guerra entre Unitarios y Federales. Lejos de tener en cuenta la forma en que la sociedad  sufre las consecuencias de las medidas tomadas dentro de una oficina, las clases políticas siguen haciendo y deshaciendo a su gusto con el fin de priorizar sus intereses privados.
Esta situación trajo descontentos en sectores de resistencia que se opusieron y enfrentaron terminando en guerras civiles que lo único que hicieron fue devastar la sociedad y abrir más la brecha de intolerancia y rencor que existe entre un grupo y el otro

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